Me costó tomar la decisión, pero creo que no me equivoqué. Mi antigua viva en Santiago habia tomado una aburrida rutina entre aglomeraciones y el bullicio propio de una gran capital. En realidad, no era tan malo pero necesitaba un cambio, cuanto menos por un tiempo. Fue así como decidí venirme al campo.

Luego de explorar varias posibilidades, opté por autoexiliarme de la ciudad. Motivado por lo que muchos dicen, con respecto a que el mejor ambiente para establecer la residencia es el campo, incluso por un tema de Salud Mental. Respirar aire puro, dormir sin ruidos, menos estrés visual, sin prisas. Hasta se dice que eiste una mayor expectativa de vida…

Por mi parte, estar lejos del esmog ya me tiene mucho mas tranquilo. Gracias a mi trabajo, me las arreglé para poder viajar todas las semanas fuera de Santiago, los miércoles voy a Los Andes y los jueves a La Calera. Al llegar a la capital de regreso por la carretera es posible distinguir una gran nube oscura que cubre la capial. Cuando uno viene llegando sinte la picason en los ojos y una pesades general, pero que al poco tiempo uno termina por habituarse, sin embargo el daño a la salud se debe estar probocando igual. 

Llevo apenas una semana acá y pese a los pequeños inconvenientes, creo que he tomado una excelente decisión. Salgo muy temprano en la mañana y llego tarde por las noches, razón por la que no habia tenido tiempo de explorar el lugar hasta ahora, las personas que vivien por acá son pocas pero las que se logran ver son muy amables, los espacio son amplio, rodeado de árboles muy altos, por donde cruza un pequeño arrollo, en vez de los bocinasos y motores del transantiago acá se escuchan las aves cantar y por las mañanas los gallos recibir los primeros rayos del sol.

Imagino que aun no logro dimensionar todo lo que significa vivir en el campo, y preisamente todas las sincronias para estar acá hoy, pero ya me estoy sintiendo afortunado, bendecido, inspirado y agradecido.

Antes de salir de la ciudad, antes de romper «la burbuja», cuando estaba buscando las opciones, sabía que debía existir un lugar así, en medio de la naturaleza, pero cerca de Santiago. Lo busqué, lo encontré y acá estoy. Ahora más que nunca tengo presente que los límites pueden ser tan solo la falta de imaginación.

Es un buen lugar para comenzar el día, recibir los primeros rayos del sol, apartado del mundanal ruido de la ciudad, pero al mismo tiempo cerca, para continuar con el trabajo que vengo realizando en la ciudad de Providencia, Los Andes y La Calera.

Una vez que te detienes a disfrutar bien de dónde viniste a parar, mientras todas las cosas se están dando para vivir eso. Cuando antes de llegar, algo dentro de ti, te decía que podía existir un lugar así. Lejos del mundanal ruido de la ciudad, en un lugar muy bonito, en medio de la naturaleza, rodeado por arboles, con un pequeño arrollo.

En cambio Santiago, es una ciudad que se mueve a un ritmo excesivamente acelerado, no se sabe hacia donde, pero la tendencia en las personas es mantener un alto nivel de auto exigencia. Con la consiguiente cuota de estrés y depresión, en un número significativo de personas.

La vida en el campo, dista un poco de lo que uno experimenta en la ciudad, es una bendición disfrutar de los primeros rayos del sol en estas frías mañanas de invierno. Acá estoy, tranquilo, inspirado, feliz y agradecido.